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2.10.14

SIGMUND FREUD



(Freiberg, 1856 - Londres, 1939) Neurólogo austriaco, fundador del psicoanálisis. El hombre que habría de revolucionar la psicología clínica y la psiquiatría, se inclinó relativamente tarde hacia el estudio de la Medicina. Se matriculó en la Facultad vienesa de esta ciencia (su familia se había trasladado a Viena en 1859) tras la lectura de las obras de Darwin y de un ensayo de Goethe.
Graduado en 1881, se interesó al principio por la fisiología del sistema nervioso y la anatomía cerebral. Obtenida en 1885 la habilitación para la enseñanza libre de la neuropatología, se dedicó, no obstante, muy pronto a la psiquiatría y marchó aquel mismo año a París para seguir los cursos de Charcot en la Salpétrière, estudiar sus teorías y familiarizarse con las técnicas hipnóticas empleadas por éste en el tratamiento del histerismo y de otros trastornos nerviosos.
Vuelto a Viena (1886), contrajo matrimonio con Martha Bernays, y luego regresó, aun cuando por breve tiempo, a Francia, a fin de aprender en Nancy los métodos hipnosugestivos de cura de Bernheim. De nuevo en su patria, y no demasiado satisfecho (el hipnotismo terapéutico no resultaba fiel y la etiología del histerismo no quedaba explicada), se interesó por el sistema seguido antes por un colega mayor que él, Joseph Breuer, en la curación de una joven histérica mediante el empleo del hipnotismo, no ya para anular los síntomas, sino para superar las inhibiciones de la paciente y hacerle evocar detalles de su vida pasada en relación causal con tales síntomas, pero tenazmente olvidados (método "catártico").
Sigmund Freud trabajó en el mismo sentido y publicó en 1895, con Breuer, Estudios sobre la histeria (Studien über Hysterie). El sistema contenía en germen la terapéutica psicoanalítica y había aclarado la existencia de conflictos ideoafectivos inconscientes como premisas y causas de una condición neurótica; el traslado, en el síntoma, de energías psíquicas no liberadas y, finalmente, la posibilidad técnica de un retorno de la afectividad atascada a sus vías normales de flujo.
Se presentaban, no obstante, dos problemas: primeramente, la posibilidad de una técnica menos insegura que el hipnotismo para la debilitación de las inhibiciones y la evocación de los recuerdos; en segundo lugar, la naturaleza de las emociones y energías psicodinámicas en juego. A la primera cuestión respondió Freud con la sustitución de la hipnosis por la técnica del relajamiento y de las "asociaciones libres", según la cual el paciente es invitado a hablar con absoluta libertad de cuanto llega a su mente y a vincular una idea con otra sin un orden establecido previamente; solucionó la segunda admitiendo en buena parte la naturaleza sexual de las emociones relacionadas con las situaciones olvidadas
Llegados a este punto (1896-97), Breuer y Freud acabaron por separarse. Había nacido el psicoanálisis freudiano, entendido como técnica de exploración del subconsciente, psicoterapia y teoría psicológica general. Freud descubrió sucesivamente que los contenidos alejados de la conciencia ("removidos") podían expresarse no sólo en los síntomas neuróticos, sino asimismo en otros aspectos no meramente patológicos, y sobre todo en los sueños (a cuya interpretación dedicó una obra fundamental, La interpretación de los sueños, 1900) y en muchos actos insignificantes de la existencia corriente (Psicopatología de la vida cotidiana, 1904).
La sexualidad del adulto le pareció condicionada, singularmente en el neurótico, por hechos y experiencias de la infancia; de la evolución del impulso sexual a partir de la primera infancia trató en la obra Tres contribuciones a la teoría sexual (1905). Más adelante, Freud estableció la psicodinámica de los conflictos del subconsciente en la interacción de tres componentes psíquicas de la personalidad: el Ello, el Yo y el Super-Yo, cuya naturaleza y función describió en varios textos de su madurez, Más allá del principio del placer (1920), Psicología de las masas y análisis del Yo (1921) y El Yo y el Ello (1923).
Al principio, creyó que a los instintos sexuales se oponían impulsos de autoafirmación, que denominó "instintos del Yo"; posteriormente describió los conflictos instintivos fundamentales en términos de amor y destrucción ("Instintos del Eros" e "instintos de la muerte"). Ciertas relaciones entre las manifestaciones neuróticas y las costumbres de los pueblos salvajes le indujeron a estudiar algunos problemas importantes de la psiquis primitiva; apareció así en 1913 la obra Totem y Tabú, que aclara varios de los más arcaicos mecanismos del subconsciente.
Mientras tanto, diversos estudiosos de distintos países habían comprendido el extraordinario valor de los descubrimientos de Freud y, agrupados en reuniones, fundaron con él la Asociación Psicoanalítica Internacional (1910) y los primeros periódicos dedicados exclusivamente al psicoanálisis. La notoriedad de Freud atravesó el Océano; en 1909, la Clark University (Worcester, Massachusetts) consiguió que celebrara una serie de conferencias.
Las lecciones que dio Freud en la Universidad de Viena durante los años de la primera Guerra Mundial fueron reunidas por él mismo en Lecciones de introducción al psicoanálisis (Vorlesungen zur Einführung in die Psychoanalyse, 1917), completadas por una nueva serie aparecida en 1932. A 1926 pertenece el profundo estudio sobre la angustia, Inhibición, síntoma y angustia (Hemmung, Sympton und Angst). Ya en 1920, tras dieciocho años pasados como encargado de curso, Freud, a los sesenta y cuatro, había sido nombrado finalmente profesor ordinario de la Universidad de Viena. En 1930 se le concede el premio Goethe de la ciudad de Francfort.

Ocupada Austria por los alemanes (1938), Freud que era israelita, se vio obligado a expatriarse y marchó, con algunos familiares y discípulos, a Londres, donde murió al año siguiente. En la última etapa de su vida consagró una atención cada vez mayor a los problemas sociales, religiosos y políticos; aparecieron, así, El malestar en la civilización (1903) y Moisés y el monoteísmo (1939). Verdadero gigante del intelecto y hombre de suprema integridad moral y científica, Freud pertenece al exiguo número de aquellos que han transformado toda una cultura y cambiado el curso de la historia del pensamiento.

9.6.14

Discriminación, un enfoque psicoanalítico

Vivimos en un país donde la discriminación es, aun, el pan de cada día. Donde se aprecia la separación y la humillación de un sector socieconomico a otro de menor nivel, los insultos, la homofobia, y el racismo no quedan atrás. 
En su definición mas simple, discriminación, es todo acto de separar a una persona de una sociedad o bien denigrarla de una forma a partir de criterios determinados; pero, la discriminación se ha manifestado a través de  la historia de la humanidad, incluyendo en ella a la marginación y el racismo. Práctica que consiste en una segregación del otro acompañada de odio y desprecio y que no siempre está a la vista.
Freud También en “Psicología de las masas……”, menciona la existencia de un narcisismo de las pequeñas diferencias; este narcisismo posibilitará hostilidad hacia los otros diferentes, como una necesidad para preservar al propio yo, y donde lo diferente aparece como amenazante para el yo. También sostendrá que este narcisismo permite la cohesión libidinal en los grupos, en donde un ideal unificante, puede llevar al odio a lo diferente, entendiendo que también en dicho proceso interviene la identificación.
De esta manera los pueblos estarán unificados por identificaciones a rasgos culturales, apareciendo elementos discriminatarios hacia el otro. 


31.5.14

El Amor, una perspectiva psicoanalítica

Hablar del amor desde una perspectiva psicoanalítica no es una tarea sencilla porque el amor – sin duda al lado del odio- es el núcleo de aquello de lo que trata el psicoanálisis. No en vano Freud, que empezó como rastreador y cronista de las huellas fantasmagóricas de los devaneos y los horrores de alcoba, terminó planteando el análisis de las vicisitudes del amor de transferencia como el centro del tratamiento analítico.
Pero para Freud fue mucho más fácil hablar del amor de transferencia que del amor en sí, no porque le interesara el amor menos que la técnica, ya que es evidente que pensó en éste último mucho más de lo que llegó a publicar y, según nos lo hace ver Bergmanni, se planteó desde un principio el estudio comprensivo de la vida amorosa de los seres humanos, pero sólo publicó fragmentos de sus disquisiciones. Mucho más de lo que muestran sus artículos puede reconstruirse a partir de su correspondencia con Jung y otras fuentes, y lo que aparece como una creación contínua en su trabajo publicado, se muestra en la corresponden¬cia y las actas de la Sociedad vienesa como algo obtenido sólo a través de una lucha interna. Además, Freud nunca integró sus descubrimientos acerca del amor en una teoría coherente. A decir de Bergmann: “No hay un equivalente al capítulo VII de La Interpretación de los Sueños para el tema del amor”‘
Pero bastante dice, a pesar de todo: “…el encuentro con un objeto es, en realidad, un reencuentro”, afirma en los Tres Ensayos para una Teoría Sexual’. Este descubrimiento -para Bergmann la contribución más profunda de Freud a nuestra comprensión del amor- explicaría la intensidad de la nostalgia del amante por la persona amada y la importancia que le atribuye. En la misma obra formula una teoría del amor basada en la naturaleza de la vida sexual que se desarrolla en fases. La madre es el primer objeto pulsional del infante y luego, en la latencia, la pulsión se divide en un componente sexual que se reprime y un componente tierno que permanece consciente. Más adelante, en la pubertad, si todo va bien, un nuevo objeto reemplazará al antiguo y las dos corrientes se reunificarán. Lo que permanece de la relación sexual con el primer objeto contribuye a la preparación para la elección de un segundo objeto “…y, por lo tanto, a restablecer la felicidad que se ha perdido”‘ Para Bergmann, Freud estuvo a punto, en una carta a Jung, de descubrir una contradicción básica en el centro de todo amor humano: en cualquier relación amorosa, el nuevo objeto debe reflejar al originario, pero para que esta rememoración de lugar a un amor feliz, no debe revivir la culpa incestuosa. Luego plantea que es la proyección que el amante hace de su propio ideal del yo en el ser amado lo que constituye la sustancia de su idealización. Posteriormente tratará al amor como una emoción más que como la sublimación de una pulsión: el amor resultará, así, siendo más que pulsional, ya que es el yo en su totalidad el que se involucra al amar a sus objetos. Sin embargo, nunca dejó de fluctuar entre estos dos puntos de vista, escribiendo “…a veces sobre el amor como una pulsión sublimada y a veces como una pasión del yo”. Arguye, también, Bergmann, que al sujetarse Freud a la primera tópica, su teorización sirvió para explicar la fase inicial del amor pasio¬nal más que para abarcar al amor continuado en el tiempo.
Quizá fue la contingencia del objeto de su teoría sexual la que resultó insuficiente para llegar a una comprensión más cabal del amor. O tal vez lo fue la primacía de la teoría sexual misma, que lo lleva a proponer -en una conclusión que Bergmann señala agudamente que no se deriva de sus premisas- que toda la complejidad del intrincado desarrollo psicosexual humano está orientada al cumplimiento de la función reproductiva.
Actualmente tenemos puntos de vista psicoanalíticos sobre el amor lo suficientemente disímiles como para hacer el debate del tema bastante interesan¬te, pero no podemos soslayar el silencio que primó alrededor de él por largo tiempo. Comentando Anatomy of Love de Martin Bergmann, Ethel Person.





20.10.13

¿Cómo se llega a ser heterosexual?

La pregunta ya intenta aproximar la primera idea que así planteada también pretende matar dos pájaros de un tiro. Primer disparo: la sexualidad del sujeto es contingente; al igual que el vínculo existente entre el significante y el significado de nuestra lingü(h)histeria; o al igual que la relación de contingencia que la pulsión mantiene con el objeto. Segundo tiro: a ser heterosexual, se llega. Ambos disparos incluyen una obviedad deductiva: la sexualidad del sujeto es un punto de llegada y no de partida; “se construye” independientemente del sexo anatómico y dicha producción incluye los avatares de la lógica del caso por caso.
El lector atento podrá ya entre-leer que al nombre de esa “fábrica” Freud lo ha llamado Edipo & Complejo de Castración; y su materia prima pulsional es el lenguaje; o –para decirlo mejor ya que “el lenguaje” no existe- lalengua que Lacan escribe neológicamente en un solo término.
Primera conclusión: la sexualidad toma existencia a partir del lenguaje-agujereado y es un concepto cultural (valga aquí el pleonasmo) que ya no es posible confundir con la anatomía genital de los seres parlantes. Y si es cultural, es lo mismo que preguntarse ¿cómo es posible que una dama alta oriental se enamore de un petiso caballero caucásico? o ¿cómo se llega a ser histérico en vez de psicótico?
Pero entonces, ¿cómo? Una respuesta puntual puede ser esta: “hablando”: gerundio que oficia de camino –de viaducto- para que el sujeto llegue. Pero ese hablaje –y el término lo usurpo del Seminario 22 de J.Lacan-, lejos de interpretarse como un conjunto de códigos comunes para entenderse mutuamente- no es sino más que el representante del goce sexual. Y –como sabemos- para que exista goce tiene que existir lalengua: he aquí el anudamiento por cierto problemático ya que cuando de lalengua se trata, el sujeto ya no sabe lo que dice cuando habla, pues –repetimos- de lo que se trata no es de “hacerse entender” sino de gozar. Recordemos a Lacan: "lo inconsciente es que el sujeto, hablando, goce..." Estamos diciendo pues que algo hay llamado FALO y es lo que anuda lo real –anatómico, sexual- al significante. Esa contingencia determinará la elección sexual de objeto. Es decir pues que ser heterosexual es un accidente en el marco de la Castración del Sujeto. Ese accidente de Castración -como bien sabemos- se elabora en tres etapas bien definidas. Y -a juzgar por la clínica- advertimos que si la neurosis existe es porque accidentes hay siempre y el pasaje del segundo tiempo del Complejo al tercero es mucho más problemático que lo que creíamos.

Pero el espíritu preguntón puede insistir: ¿Pero entonces, no se nace heterosexual? No sólo no se nace, sino que ni si quiera se es. La sexualidad, como el cuerpo, se tiene, se adquiere, se conquista; como dirá Lacan “es un regalo del lenguaje”. En todo caso, desde Freud sabemos que lo inconsciente es homo-sexual desde el momento que no hay más que inscripción de un único significante: el falo. Desde lo narcísico, también hallamos lo obvio: el autoerotismo tiene su auto-repliegue sobre lo homo. Podemos responderle desde Lacan: el sujeto está anclado en el “todo fálico”; esa posición “hommosexualle” (con dos “m” para jugar con el término latino hombre, lado macho del esquema de la sexuación) implica que lo inconsciente rechaza al Otro sexo. Según se lee en el seminario Aún –y está en la base de la axiomática “la relación sexual no existe”- el goce en tanto sexual es fálico; es decir, no se relaciona con el Otro en cuanto tal. Y también podemos responder desde nuestra praxis: lo inconsciente repite el mismo real, base de todo síntoma: lo homo también se encuentra en él.
Escuchamos hoy más que nunca a ciertos pacientes (amantes de la precisión científica) que se encuentran dudando por la potencial elección sexual de sus hijos; sobre todo porque en muchos casos ellos mismos ya se han divorciado para vivir con una persona de su mismo sexo. Todas estas cuestiones ayudan para que entendamos que el fenómeno algebraico de la función –materna o paterna- sigue siendo la ecuación del sujeto que se hace vigente en el nudo del Complejo y que, justamente, opera en función de él. Esto también nos lleva a pensar que un padre-genitivo no reemplaza a Un-Padre o que “no por mucho madrugar…” Es decir que –cuando se trata de lo inconsciente- no hay manera conciente de garantizar un no-accidente en el trayecto; como no hay método para definir un objeto único para la pulsión: si lo hubiese estaríamos en el campo de la naturaleza y no de lalengua, del parlêtre.
Como analistas, bajo una sociedad mucho más tolerante y mejor informada –que no es poco-, podemos a-compañar en dichos avatares lógicos el devenir de cada experiencia subjetiva para –si bien no responder siempre- al menos preguntar desde un lugar en que se junten dos pájaros de un sólo lazo: deseo y amor. Es decir, administrar el goce de una manera más productiva.



18.10.13

El arte y la mirada

El artista realiza un recorrido interno para plasmar en la tela, en la hoja en blanco o en el material en bruto una producción, una obra que podemos leer como un significante bañado de múltiples sentidos. El espectador, quien mira, será quien pueda develar también a partir de un recorrido un sentido para él.
Se produce así un encuentro de elementos interactuando: el autor, el espectador, la obra y un objeto que esa obra plasma. Todos interrelacionado. Hay un autor además -el artista- que plasma en ese acto un deseo de hacer ver y por el lado del espectador un deseo de mirar, de develar qué hay para ver en esa obra.
En esta experiencia emocional que es el arte, hay un recorrido que ambos protagonistas tienen que transitar desde un punto de vacío, desde la nada en la que el objeto podría ser prescindible. En tanto menos vemos ese objeto, menos a la vista está, más hay para ver. Mientras más despojados estemos y lo esté la obra de arte, la creación artística, más podremos ver en profundidad esa nada dispuesta a mostrarse. No importa la masa sino el hueco, no importa en un punto el objeto visible, sino develar la incógnita detrás del velo, descifrar el enigma que porta toda obra de arte.
En este sentido me parece importante rescatar esta posición del arte: muestra, llama a mirar, invoca a hacerse cargo de eso que uno como espectador está dispuesto a develar. Correr el velo tiene sus riesgos: nos implica, aunque no querramos ver. Esta es la esperanza que lleva implícita el arte como construcción: nos saca del aletargamiento, nos cuenta de aquello que no queremos saber, nos amortigua en parte, del profundo desasosiego de ser Sujetos en el tiempo.
La producción artística, cualquiera sea, nos saca del desgarramiento inicial, estructural, de la nada, del vacío, para -como el Ave Fénix- volver a surgir. Vaciar para crear. La nada creadora, productora de sentido. Es el artista el que en su recorrido desnudará al objeto, reducirá los elementos a la mínima expresión, se desprenderá del aspecto material del objeto para así dejar entrever la nada detrás de la que se encubre todo.

Pensemos en obras como “La Rueda” de Duchamp; o “Cuadro negro sobre fondo blanco” de Malevich, en el que por medio de la abstracción geométrica se sumerge en la búsqueda de la nada para lograr la supremacía del sentimiento puro; liberar al arte del mundo de los objetos. Pensemos en algunas obras de Klee, en autores como Kandinsky, Gertz, Ulman y tantos otros de distintas ramas del arte que han marcado con sus obras lo importancia de mostrar la ausencia, portadora de una contundente presencia.

27.9.13

La lógica del deseo es la de la contingencia:

 El deseo es imprevisto: surge. El asunto entonces es qué se hace con eso, cómo se responde a eso que nos involucra en nuestra estructura más íntima.
¿Pero por qué si un deseo es lo que más nos concierne, sería rechazado o no admitido? Justamente porque el deseo no se lleva bien con la comodidad. El deseo raramente encaja con lo previo, por eso consentir a él implica muchas veces una reestructuración de nuestra cotidianidad. El deseo es entonces un acontecimiento en nuestras vidas que marca un antes y un después, ya no se es el mismo nunca más, tanto si se dice que sí como si se dice que no.
En el ámbito de los analistas suele escucharse a menudo una confusión: en nombre de "lo que no hay", se retrocede frente al deseo. Como los analistas sabemos por haberlo leído a Lacan que no existe armonía gloriosa entre los sexos, entonces aparece en muchas ocasiones una suerte de resignación que nada tiene que ver con la no relación sexual de la que habla Lacan. Porque admitir de la buena manera lo imposible sólo puede hacernos abiertos a la contingencia.
La subjetivación de lo imposible, o de lo que no hay, no es un saber académico. Es una de las experiencias fundamentales de un análisis que consiste en admitir que no hay, pero para nadie. A esto lo llamo estar en paz con lo imposible, ya no hay sufrimiento inútil ni resignaciones neuróticas, porque nos podemos habilitar para disponernos a las contingencias que asoman todo el tiempo en nuestras vidas. Abrirle la puerta a veces requiere de audacia y valentía, pero es lo que hace que la vida merezca ser vivida. Un modo que encuentro para decir qué sería la felicidad.


Fragmento/Por Carolina Rovere*/Pagina 12 de Hoy

26.8.13

Arte y Freud

“He de confesar, ante todo, que soy profano en cuestión de arte. El contenido de una obra de arte me atrae más que sus cualidades formales y técnicas, a las que el artista concede, en cambio, máxima importancia”.
(“El Moisés de Miguel Ángel” en Psicoanálisis del arte. Freud, 1914)
  
Psicoanálisis del arte consta de una serie de ensayos biográficos en los que Sigmund Freud pretende “llegar realmente a una profunda comprensión de la vida anímica del sujeto investigado”, a saber: Leonardo de Vinci, Miguel Ángel, W. Jensen, Goethe y Dostoievski. Valiéndose del psicoanálisis, Freud analiza determinadas obras de estos virtuosos, articulando conclusiones sobre detalles de sus infancias, de su sexualidad, de sus relaciones interpersonales y de sus inconscientes.

“Un recuerdo infantil de Leonardo de Vinci” es un extenso texto que Freud enfoca sobre la labor de Leonardo como investigador y como pintor, analizando ciertas particularidades de su proceso creativo. Explica que el espíritu de investigador de Leonardo se sobrepuso al del artista, manifestándose en una excesiva preocupación por el detalle. Freud se aventura a indagar sobre la vida sexual de Leonardo, llegando a conclusiones sobre sus prácticas y orientación; por ejemplo, Freud comenta que Leonardo sublimaba su energía sexual mediante una incesante faena intelectual, sustituyendo el amor por el estudio.

En “El Moisés de Miguel Ángel”, Freud confiesa el poderoso efecto que dicha escultura tuvo sobre él, pasando a un riguroso examen de la historia detrás de la postura de este Moisés. Tal fue la fascinación ejercida por la pieza sobre Freud, tantas las horas que pasó contemplándola y desmenuzándola, que hasta pareciera que su mirada adquirió un matiz de la del Moisés y terminó por emularla.
  
Por otro lado, en “El delirio y los sueños en la Gradiva de W. Jensen”, Freud intenta encontrar el sentido e interpretar los sueños del protagonista de una novela aparecida en 1930 llamada “Gradiva”. Para ello, desde luego, se vale de su propia obra Interpretación de los sueños para validar sus observaciones. En lo que respecta a “Un recuerdo infantil de Goethe en Poesía y Verdad” y “Dostoievski y el parricidio”, el autor parte de las narraciones Poesía y Verdad y Los hermanos Karamazov para comprender mejor las relaciones entre Goethe y su madre, así como Dostoievski y su padre, respectivamente.


Un detalle muy gracioso de esta colección de ensayos es que con frecuencia Freud se detiene y nos cuestiona y se cuestiona sobre su “sorprendente interpretación de toda la figura y de sus propósitos”. Después del auto elogio, él mismo se pregunta si no estará otorgando demasiada importancia a detalles que quizá para el artista fueron indiferentes, arbitrarios y unidimensionales. No puede evitarse esbozar una gran sonrisa ante los titubeos de un genio.
  • Esta publicación pertenece a otra pagina que comparte, al igual que este blog, un cierto agrado al arte y sus vínculos con el psicoanálisis, puedes encontrar mas Aqui.

12.8.13

Reconocimiento a los padres

(...) Es importante que los hijos reconozcan a sus padres. “Honrando a los padres, algo se arregla en las profundidades del alma”, (Hellinger); No les corresponde a los hijos juzgar a sus padres, ya que el hecho de convertirse en padre o madre no depende de cualidades morales, sino de un acto determinado, establecido de antemano e independiente de características morales. “Los padres merecen el reconocimiento como padres por la consumación de un acto, y sólo por esta consumación.” Aquí, por tanto, no hay lugar para juicios morales; desde este punto de vista, no hay padres buenos o malos. Los padres les dan a los hijos la vida, el bien supremo, y es esto lo que los hijos deben agradecer.

Un breve mensaje de la señora psicoterapeuta Carmen Gonzales,- si -es esa doctora "loca" que suele gritar a sus radioescucha de lunes a viernes a las 9:00 pm por  rpp.com.pe

28.6.13

Historias y psicoanálisis

Todos tenemos historias que contar, historias que reflejan la clara realidad de los caminos que solemos recorren ya sean largos, cortos, desérticos, con flores o sin ellas; todas estas historias deben ser contadas como la necesidad del viento para correr y como el deber del sol para alumbrar. Pero a contraparte de todo esto, no olvide aquellas historias que reflejan la imaginación, una ficción que nace cuando la utopía es mejor que la realidad, cuando la necesidad de crear y creer es parte de una necesidad propia y nuestra que suele dibujarnos dos caminos, el anhelo de lo inconsciente y la pérdida de la realidad.
Y es que es la parte inconsciente nuestra de la cual surgen pulsiones, que intentan pasar al consciente, siendo controladas o reprimidas por éste. Luego aparecen en sueños, fantasmas o imágenes, que al ser elaboradas, producirían el texto literario, textos que se expresan a través de narrativas, historias, propias de nuestra realidad y propias de una muestra del inconsciente nuestro. Creer o no creer en parte de lo que el psicoanálisis interpreta es solo olvidar un por que mas de los tantos que existen, pero que tan ciertas pueden ser las líneas dibujadas por Freud, como dijo El en una día pasado "Quizás hemos brindado una genuina caricatura de la interpretación atribuyendo a una inocente obra de arte tendencias que su autor ni vislumbraba, con lo cual no habríamos hecho sino volver a demostrar cuán fácil es hallar lo que uno busca y de lo cual uno mismo rebosa..."

Cierto o no, que el contar historias no sea tan difícil y mejor que crearlas ya que parte de ello suele ser a veces una muestra de lo que realmente deseamos.

6.6.13

¿Por que sufrimos?



El hombre de por si es un animal destinado a sufrir, a sentir lo que convencionalmente se le llama dolor y con el todo lo relacionado, pero que es lo que nos lleva al sufrimiento en sí, si realizamos una introspección no subjetiva nos daremos cuenta y a la vez en primera instancia concluiremos que sufrimos porque nosotros queremos. El psicoanálisis, en una idea vaga, plantea que son nuestras emociones de la infancia las que nos encaminan al sufrimiento ya que buscaremos ser el masoquista o en todo caso el sádico, y la única forma de acabar con este juego es, en primer lugar, reconociendo nuestras propias emociones que  pertenecen a nuestro pasado.
El sufrimiento también está enfocado a una creencia lo cual en el típico caso sería el destino, de por si el destino formo parte en la historia como una magia a futuro que se concibió en la antigua Grecia, ya que fueron ellos los que vendieron la idea de un oráculo y de por si destino. Es común escuchar frases como estoy sufriendo por que es parte de mi destino, o peor aun sufro por culpa del destino. Aceptar el destino es de algún modo creer en un futuro alternativo más que en paralelo, sin embargo, también es  creer en la arenas del tiempo y de por si en un ser divido que suele escribir en un viejo libro nuestra vida pasada, presente y futura; propicio o no cabe mencionar la típica frase ¡naci para esto! con ella estamos aceptando que tenemos un destino,  o es la genética la que nos hace una bueno a mala jugada según sea el caso.
En un plano consiente el hecho que el hombre sufra por la pérdida de un ser querido,  se denomina duelo, este último es tan normal como el dolor que suele producir. Todos en un momento llegaremos a sentir ese dolor, como parte consiente de nuestro duelo, así que contradiciéndome o no, estamos tomando al duelo como un sufrimiento propio y necesario. El duelo se produce o mejor dicho nace cuando se  pierde algo, a alguien, se termina algo, cambia algo, etc.

Entonces, sufrimos en la mayoría de veces porque creemos que es parte de nuestra vida que suele ser controlada por un oráculo, o porque nuestras emociones de la infancia suelen manipular la vida que llevamos. Cierto o no prefiero creer al igual que Cesare Pavese, escritor italiano, que “Pero lo grande, la tremenda verdad es ésta: sufrir no sirve de nada”.

29.3.13

El chiste y el psicoanlisis



Hemos visto hasta ahora qué es el sueño para el psicoanálisis y como se relacionaba los mecanismos de construcción del sueño con los mecanismos de construcción del chiste. Pero ¿qué es el chiste? Según el Diccionario de la Real Academia el chiste es: “Un dicho o historieta muy breve que contiene un juego verbal o conceptual capaz de mover a risa”.

Freud, a su vez, en la obra que estamos comentando cita la siguiente definición de Lipps: “Llamaremos chiste, en general a toda provocación consciente y hábil de la comicidad, sea ésta la intuición o de la situación”. Asimismo cita el psiquiatra austriaco a Fischer cuando dice que el chiste es “un juicio que juega”, se trata por lo tanto de un juego de palabras. Estas definiciones del chiste vuelven a establecer un paralelismo entre el chiste y el sueño ya que el elemento lúdico es otro rasgo principal de la construcción onírica así como lo es del chiste.

Otro rasgo que para Freud es importante y paralelo a ambos fenómenos es el carácter espontáneo del chiste y del sueño. En el estado onírico la conciencia no tiene apenas capacidad de decisión, el sueño surge espontáneamente en nuestra imaginación sin que podamos generalmente moldearlo o cambiar su desarrollo (de hecho cuando esto ocurre despertamos). En el chiste ocurre algo parecido: la broma no surge si no es de un modo espontáneo, no meditado. Una broma no se realiza con premeditación y quien no sabe contar un chiste de un modo espontáneo no sabe contar un chiste. Por otro lado debe ser igualmente espontánea la sorpresa del oyente, esto explica por qué los chistes sólo hacen reír la primera vez que se escuchan.

Tras estos paralelismos y conociendo la función anímica que cumple el sueño podemos definir la función que tiene el chiste en nuestra vida anímica.

Tanto el sueño como el chiste son funciones anímicas encaminadas a la obtención de placer; de un modo u otro a través de mecanismos similares (desplazamiento y condensación) ambos intentan reelaborar elementos inconscientes para que nos generen estados de conciencia placenteros; esta es la razón que los elementos del chiste y del sueño sean por lo general tan similares (sexo, violencia, situaciones imposible o chocantes etc.) Sin embargo, aquí acaban las similitudes: el sueño tiene un carácter solitario frente al carácter social del chiste. El sueño es un placer solipcista, del individuo, sólo compartimos sueños con personas muy cercanas y ni siquiera con ellas compartimos los sueños más profundos o de carga consciente más desasosegadora. El chiste, no obstante, es un placer social que necesita de la comunicación para que nos produzca placer; aunque nos podamos reír de un chiste sólo en nuestra imaginación siempre necesitamos tener presente la figura de un interlocutor.

Otra diferencia es que la función del sueño es, como dijimos, ahorrar displacer y frustración a la conciencia, mientras que el chiste pretende una consecución de placer positiva. El chiste provoca activamente el placer que provoca mientras que el sueño adopta una actitud pasiva que sólo puede actualizarse por el descanso del súper-yo durante el reposo nocturno.

 De lo anterior surge otro rasgo distintivo del sueño y el chiste: mientras que el sueño supone una alucinación el chiste es un juego que nunca deja de ser tal, dado el carácter activo de su manifestación. En palabras menos técnicas: el sueño nos lo creemos más durante su manifestación que al chiste que al fin y al cabo es en su manifestación (aunque no en su elaboración) una actividad consciente.


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