1.3.14

Poe, su fama literaria



Su carrera literaria inicio su triunfo cuando en 1833 ganó el primer premio de un concurso de literatura en Baltimore con su cuento Manuscrito hallado en una botella, que le abrió las puertas a un puesto de redactor en el Southern Literary Messenger y a otras revistas y periódicos, tanto como crítico, redactor y autor. Allí aparecieron sus poemas, singularmente El cuervo, cuentos fantásticos, de terror entre los que destacaría El escarabajo de oro, otros policiacos y narraciones extraordinarias, así como su única novela La narración de Arthur Gordon Pym. Relatos que no han dejado de publicarse hasta nuestros días, hasta alcanzar los sesenta y seis. Pocos autores del romanticismo están como Poe tan identificados con los personajes que pintan. En Poe encontramos autobiografía a cada paso. No importa que lo retratado sea fantástico, monstruoso, deforme, engendro de pesadilla. En cualquier instante, algunos de los fantasmas nos dejan ver la cara alucinante de Edgar Allan Poe.
Se conserva de él un daguerrotipo que da escalofríos. Los ojos de Poe de un verde (o un azul) lívido como las aguas de la laguna de la casa de Usher (uno de sus relatos) son los ojos de un demente. Pero lo más sorpresivo es su letra, su escritura. Una letra que nadie diría propia de un romántico arrebatado. Una letra desconcertante: menuda, regular, fría, que se diría de un escribiente de notario o de un usurero (¿El Mister Scrooge de Dickens?). ¿Es realmente su letra, o una de sus muchas letras? Porque Poe es un romántico especial, un romántico que parece demasiado a un director de cine moderno que se suspense (no en vano muchos de su relatos han sido llevados a la pantalla grande con existo) y curiosamente no era un débil de cuerpo, sino un auténtico atleta y un gran nadador que las circunstancias minaron.
Con todo ese bagaje, Edgard  Allan Poe supo ser a la vez no solo el padre de los relatos de terror, sino uno de los humoristas más geniales, aplastantes y hasta, diríamos, gamberros de Norteamérica.
Poe será fantasía desbordada y delirium tremens, pero  también canción, aventura, infantilismo, memoria y musculo. En su cuento Elegancias se pondrá en solfa a todos los snobismos, a todas las ideas y a todas las manías, a todos los coleccionismos, a todos los sistemas filosóficos, a todos los ismos… con uno solo cuento de apenas tres páginas.
Otras veces se deja llevar por su inclinación hacia la filosofía de la ciencia que plasma en uno de sus cuentos con la llegada en globo a la luna o a la travesía de Este del Atlántico en medio de un temporal.
Sus intentos de alquimista, la leyenda del buque fantasma…el problema del espiritismo y la posibilidad de mantener la vida en estado hipnótico. Horror, pasión, terror, fantasía, ciencia y morbo, mucho morbo, todo se compendia en la obra de Poe y hasta narraciones grotescas como La noche mil dos de Scherezada, en la que expone que la verdad puede ser más extraña que la ficción; o El Sistema del Doctor Alquimitran y del profesor Pluma. Esta última es la historia de unos locos que escapan de sus celdas y encierran en ellas al director y a los médicos del manicomio; después se visten de director y de médicos; embrean y empluman a los cuerdos y reciben visitas. Moraleja: en el manicomio a veces están más locos los de afuera que los de dentro…
Pero además, Poe fue el creador de la novela policiaca con Los criminales de la calle Morgue. Relato fundamental del género policiaco, con la creación del detective aficionado dotado de un genio analítico y deductivo que le permite resolver los casos más intrincados. La creación de un personaje secundario, amigo del detective. Todo ello claro anteceder de los inolvidables personajes de Sir Arthur Conan Doyle…Finalmente a Poe se le debe la invención de uno de los argumentos clásicos del género: el enigma de la habitación cerrada.

 Francesc Lluis Cardona
Doctor en Historia y Catedrático

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