Su carrera literaria inicio su triunfo cuando
en 1833 ganó el primer premio de un concurso de literatura en Baltimore con su
cuento Manuscrito hallado en una botella, que le abrió las puertas a un puesto
de redactor en el Southern Literary Messenger y a otras revistas y periódicos,
tanto como crítico, redactor y autor. Allí aparecieron sus poemas,
singularmente El cuervo, cuentos fantásticos, de terror entre los que destacaría
El escarabajo de oro, otros policiacos y narraciones extraordinarias, así como
su única novela La narración de Arthur Gordon Pym. Relatos que no han dejado de
publicarse hasta nuestros días, hasta alcanzar los sesenta y seis. Pocos autores
del romanticismo están como Poe tan identificados con los personajes que
pintan. En Poe encontramos autobiografía a cada paso. No importa que lo
retratado sea fantástico, monstruoso, deforme, engendro de pesadilla. En
cualquier instante, algunos de los fantasmas nos dejan ver la cara alucinante
de Edgar Allan Poe.
Se conserva de él un daguerrotipo
que da escalofríos. Los ojos de Poe de un verde (o un azul) lívido como las aguas
de la laguna de la casa de Usher (uno de sus relatos) son los ojos de un
demente. Pero lo más sorpresivo es su letra, su escritura. Una letra que nadie diría
propia de un romántico arrebatado. Una letra desconcertante: menuda, regular, fría,
que se diría de un escribiente de notario o de un usurero (¿El Mister Scrooge
de Dickens?). ¿Es realmente su letra, o una de sus muchas letras? Porque Poe es
un romántico especial, un romántico que parece demasiado a un director de cine
moderno que se suspense (no en vano muchos de su relatos han sido llevados a la
pantalla grande con existo) y curiosamente no era un débil de cuerpo, sino un auténtico
atleta y un gran nadador que las circunstancias minaron.
Con todo ese bagaje, Edgard Allan Poe supo ser a la vez no solo el padre
de los relatos de terror, sino uno de los humoristas más geniales, aplastantes
y hasta, diríamos, gamberros de Norteamérica.
Poe será fantasía desbordada y delirium
tremens, pero también canción, aventura,
infantilismo, memoria y musculo. En su cuento Elegancias se pondrá en solfa a
todos los snobismos, a todas las ideas y a todas las manías, a todos los
coleccionismos, a todos los sistemas filosóficos, a todos los ismos… con uno
solo cuento de apenas tres páginas.
Otras veces se deja llevar por su
inclinación hacia la filosofía de la ciencia que plasma en uno de sus cuentos
con la llegada en globo a la luna o a la travesía de Este del Atlántico en
medio de un temporal.
Sus intentos de alquimista, la
leyenda del buque fantasma…el problema del espiritismo y la posibilidad de
mantener la vida en estado hipnótico. Horror, pasión, terror, fantasía, ciencia
y morbo, mucho morbo, todo se compendia en la obra de Poe y hasta narraciones
grotescas como La noche mil dos de Scherezada, en la que expone que la verdad
puede ser más extraña que la ficción; o El Sistema del Doctor Alquimitran y del
profesor Pluma. Esta última es la historia de unos locos que escapan de sus
celdas y encierran en ellas al director y a los médicos del manicomio; después se
visten de director y de médicos; embrean y empluman a los cuerdos y reciben
visitas. Moraleja: en el manicomio a veces están más locos los de afuera que
los de dentro…
Pero además, Poe fue el creador
de la novela policiaca con Los criminales de la calle Morgue. Relato
fundamental del género policiaco, con la creación del detective aficionado
dotado de un genio analítico y deductivo que le permite resolver los casos más
intrincados. La creación de un personaje secundario, amigo del detective. Todo
ello claro anteceder de los inolvidables personajes de Sir Arthur Conan Doyle…Finalmente
a Poe se le debe la invención de uno de los argumentos clásicos del género: el
enigma de la habitación cerrada.
Francesc Lluis Cardona
Doctor en Historia
y Catedrático

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