18.10.13

El arte y la mirada

El artista realiza un recorrido interno para plasmar en la tela, en la hoja en blanco o en el material en bruto una producción, una obra que podemos leer como un significante bañado de múltiples sentidos. El espectador, quien mira, será quien pueda develar también a partir de un recorrido un sentido para él.
Se produce así un encuentro de elementos interactuando: el autor, el espectador, la obra y un objeto que esa obra plasma. Todos interrelacionado. Hay un autor además -el artista- que plasma en ese acto un deseo de hacer ver y por el lado del espectador un deseo de mirar, de develar qué hay para ver en esa obra.
En esta experiencia emocional que es el arte, hay un recorrido que ambos protagonistas tienen que transitar desde un punto de vacío, desde la nada en la que el objeto podría ser prescindible. En tanto menos vemos ese objeto, menos a la vista está, más hay para ver. Mientras más despojados estemos y lo esté la obra de arte, la creación artística, más podremos ver en profundidad esa nada dispuesta a mostrarse. No importa la masa sino el hueco, no importa en un punto el objeto visible, sino develar la incógnita detrás del velo, descifrar el enigma que porta toda obra de arte.
En este sentido me parece importante rescatar esta posición del arte: muestra, llama a mirar, invoca a hacerse cargo de eso que uno como espectador está dispuesto a develar. Correr el velo tiene sus riesgos: nos implica, aunque no querramos ver. Esta es la esperanza que lleva implícita el arte como construcción: nos saca del aletargamiento, nos cuenta de aquello que no queremos saber, nos amortigua en parte, del profundo desasosiego de ser Sujetos en el tiempo.
La producción artística, cualquiera sea, nos saca del desgarramiento inicial, estructural, de la nada, del vacío, para -como el Ave Fénix- volver a surgir. Vaciar para crear. La nada creadora, productora de sentido. Es el artista el que en su recorrido desnudará al objeto, reducirá los elementos a la mínima expresión, se desprenderá del aspecto material del objeto para así dejar entrever la nada detrás de la que se encubre todo.

Pensemos en obras como “La Rueda” de Duchamp; o “Cuadro negro sobre fondo blanco” de Malevich, en el que por medio de la abstracción geométrica se sumerge en la búsqueda de la nada para lograr la supremacía del sentimiento puro; liberar al arte del mundo de los objetos. Pensemos en algunas obras de Klee, en autores como Kandinsky, Gertz, Ulman y tantos otros de distintas ramas del arte que han marcado con sus obras lo importancia de mostrar la ausencia, portadora de una contundente presencia.

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